Pero si nosotros le pedimos al Espíritu Santo que nos muestre cómo podemos estar en paz con los problemas del cuerpo, podemos transformar un síntoma físico en una clase para el perdón.
Dedicar más tiempo a la oración cambia de la forma a las cualidades que deseamos, la paz, por ejemplo. Aún aquí la oración pidiendo la paz está afirmando que no la poseemos todavía, que Dios no nos la ha dado. En el proceso de aprender qué es la oración verdadera, nos sentimos impulsados a veces a orar por otros, o a enviarles luz y amor. Oramos por nuestros enemigos o decidimos curar a otros, pero rezar por nuestros enemigos es caer en la trampa de hacer el error real, porque no hay enemigos, sólo espejos de la culpa que existe en nuestro interior.
Pedirle a Dios que cure a otros implica que hay un Dios que no tiene en cuenta el sufrimiento de sus hijos, y es a través de nuestro pedido que podemos obtener un favor especial de El. De esa manera creamos un Dios al que podemos persuadir de que cure a algunas personas mientras abandona u olvida el sufrimiento de otras.



