Si decidimos seguir el consejo del ego de enfermarnos, nos encontraremos, al momento, negando él haber tomado esa decisión. Siempre “miramos el interior” de nuestra mente y proyectamos lo que encontramos en las circunstancias del mundo. Para perdonarnos a nosotros y a los otros, tenemos que elegir mirar con el sistema de pensamiento del Espíritu Santo y no del ego.
Finalmente, sólo el Espíritu Santo llenará nuestra mente y entonces no habrá más tentación o elección, porque no habrá dos voces entre las cuales elegir. El que decide desaparecerá con el ego, y el Espíritu Santo colmará nuestra mente con el amor y la sabiduría de Dios. Sencillamente sabremos lo que tenemos que hacer de un momento a otro. Se describe el estado de la existencia como el que se encuentra en el mundo real, y éste es un objetivo a lograr. Para lograr esta meta debemos practicar el perdón una y otra vez, hasta que al fin ya no haya nada que perdonar.
De esto deducimos que perdonando al mundo, comprenderás que nada que Dios creó puede tener fin, y que nada que El no haya creado es real.



