La presencia del amor y la luz del Espíritu Santo nos recuerda otra manera de ser. Ya sea sigamos esa otra manera o no, eso no afecta al Espíritu Santo. Él continúa resplandeciendo. El Espíritu Santo no nos ordena, no nos impone ni nos exige nada. Tampoco nos salva los obstáculos del camino. Simplemente nos recuerda que hay otra manera de ser. Si perdonamos, los obstáculos desaparecerán.
La forma del problema puede estar allí todavía; por ejemplo, no podemos arrancar el auto, pero ahora nos quedaremos en paz respecto a ello. El problema nunca fue la falla del auto, sino la culpa escondida que provocó en nosotros cuando nos falló.
En todas las situaciones, el Espíritu Santo nos recuerda que siempre hay otra manera de observar un problema y ello nos brindará paz. “Elegir otra vez” y tener “una pequeña dosis de buena voluntad” para invitar al Espíritu Santo a que nos ayude.
Desde nuestra perspectiva, con frecuencia sentimos que Él va y viene en nuestras vidas. En un determinado momento sentimos su presencia, en el siguiente, sentimos que nos ha abandonado. La verdad es que somos nosotros los que decidimos acercarnos, y al instante siguiente alejarnos.



